Sanidad porcina 04/13

El control de la viremia. Un factor fundamental en la rentabilidad De la vacunación frente a PCV2.

 

 

    Introducción

    En primer lugar y de cara a todos aquellos veterinarios prescriptores que pudieran tener alguna duda en cuanto a la vacuna “ideal” a elegir en el caso de querer vacunar frente a PCV2, las principales características que deberían de tener en cuenta, son:

    Elevada seguridad.

    Rápido establecimiento de inmunidad humoral en forma de seroconversión a la vacunación (incluso en presencia de elevada inmunidad maternal). Terapia Porcina

    Prolongada duración de la protección.

    Máxima eficacia clínica.

    Óptimo control de la viremia.

     

Partiendo de la base de que todas las vacunas existentes actualmente en el mercado son capaces de reducir y mejorar el cuadro clínico de la enfermedad, es muy importante aclarar que la eficacia final no es igual en todos los casos, pudiendo encontrar claras diferencias entre los productos comerciales existentes.

 

Para poder profundizar más en este sentido, nos centraremos en las tres últimas características citadas, ya que son las de mayor importancia.

 

1. La duración de protección. Es uno de los puntos de mayor interés y además coincide que es una de las diferencias fundamentales entre los productos, ya que en la información de registro de las tres vacunas existentes en el mercado, la duración de inmunidad marcada es de 12, 17 y 22 semanas (ésta última para Porcilis PCV). En este aspecto, si revisamos lo que ocurre a nivel clínico, por un lado, y en base a un trabajo publicado en el año 2011 (M. Jiménez), tenemos una tendencia hacia la aparición de infecciones cada vez más tardías. Esto se pudo comprobar al comparar el momento de infección–seroconversión a PCV2 en multitud de granjas españolas durante el periodo 2008 a 2010, observando un incremento de la aparición de infecciones cada vez más tardías (después de las 16 semanas de vida), así como una reducción de las infecciones más tempranas (antes de las 9 semanas de vida), situándose estas últimas en menos del 3% de las granjas chequeadas en el último año del estudio (2010). Por lo tanto, para la mayor parte de las explotaciones será crítico el poder conferir una duración de inmunidad prolongada.

 

Además, en los animales no vacunados frente a esta enfermedad se pueden manifestar diferentes niveles de severidad clínica, observando animales con el típico desmedro que lleva a la muerte o sacrificio, junto con animales con grave pérdida de peso (colas) y cerdos con pérdida media de crecimiento (desigualados) y finalmente animales en donde la afectación por esta patología, podría considerarse mínima o nula. En este sentido, se conoce que los animales con mayores niveles de viremia en suero son aquellos que sufren un mayor impacto de la enfermedad y, en consecuencia, padecen mayores pérdidas de crecimiento (Dewey, 2010), lo que no queda tan claro es si, independientemente del momento en el que ocurra el desafío (infección), los animales que vayan a sufrir un cuadro de mayor severidad van a necesitar de mayores niveles de inmunidad para conseguir evitar los problemas. Si esto fuera cierto, en las granjas con infecciones tardías, aquellos animales que fueran a verse más afectados, necesitarían un nivel de inmunidad adicional. Además, todos sabemos que la manifestación clínica de la enfermedad también ha cambiado, siendo los casos graves muy poco frecuentes de observar, de forma que en los últimos años predominan las situaciones en donde la mayor parte de los animales afectados padecen la forma subclínica, con niveles bajos de mortalidad y morbilidades elevadas que cursarán con pérdidas de crecimiento más o menos graves, en función de la granja. Este último escenario es el que habitualmente se encuentra dentro de las explotaciones que han decidido emplear vacunas. A día de hoy, la elevada tasa de vacunación impide saber si en condiciones de no vacunación estaríamos expuestos o no a la aparición de rebrotes clínicos agudos, como se ha podido observar en alguna explotación durante los últimos años.

 

2. La eficacia clínica. Es el fin sobre el que se dirigen las vacunas y su máxima optimización es el objetivo a alcanzar por cualquier veterinario o productor en la búsqueda de conseguir las producciones más competitivas. En este sentido, en España hemos realizado varias pruebas de eficacia comparativas, en donde se han evaluado diferentes parámetros. En concreto, en una de estas pruebas comparativas de vacunación de lechones (Ubeda, 2010), se pudo observar que al determinar la presencia de genoma vírico de PCV2 (hibridación in situ) en los animales muertos durante la prueba, que eran sospechosos de haber padecido un cuadro clínico por esta enfermedad, se pudo observar que solamente el grupo de animales vacunados con Porcilis PCV consiguió la ausencia total de este genoma vírico, al contrario que en los animales vacunados con otro producto, y el grupo de cerdos sin vacunar (20% y 60% de muestras de animales sospechosos, fueron positivas respectivamente). En el resto de parámetros evaluados, la otra vacuna comparada consiguió mejorar los resultados numéricos frente a los animales sin vacunar, pero no consiguió diferencias estadísticamente significativas frente al grupo control, al contrario que Porcilis PCV, que obtuvo diferencias estadísticamente significativas frente a los animales sin vacunar en el peso repuesto en cebo, GMD, porcentaje de bajas y de tratamientos inyectables. Un hecho de gran importancia por su repercusión directa en la producción fue el importante incremento en el peso medio de los animales más pequeños al final de cebo de cada grupo, de forma que el peso medio del 10% de animales más pequeños fue de 64.96, 67.04 y 74.42 Kg para el grupo control, la otra vacuna y Porcilis PCV respectivamente. En otra prueba (Muñoz, 2011), se realizó en una misma granja dos tipos de seguimientos para evaluar las mejoras conseguidas por la vacunación. En una primera prueba, se compararon en un solo destete (granja de unas 4.500 cerdas) animales vacunados y sin vacunar y en un segundo seguimiento en la misma granja se evaluaron los resultados obtenidos al comparar los datos de miles de animales antes y después de la vacunación (de nuevo con Porcilis PCV) en condiciones comerciales de producción (con un 100% de los animales de cada destete con la misma situación vacunar). En este segundo caso, se obtuvieron claras diferencias con significación estadística en parámetros como el porcentaje de bajas y GMD, que en la primera prueba no se habían conseguido. Por tanto, al hacer una prueba con un número limitado de animales e incluir dos tipos de tratamientos distintos (controles positivos), en el caso de obtener diferencias estadísticamente significativas, será un indicativo de la existencia de amplias diferencias entre los productos ensayados; pero en el caso de no llegar a ellas y acompañarse de diferencias numéricas de relevancia, debemos siempre tener en cuenta que posiblemente el número de animales ensayados haya sido el factor limitante que haya impedido observar las diferencias reales existentes.

 

 

3. Finalmente el “Control de la viremia”. Es un concepto que consideramos clave y de gran importancia en cualquier tipo de enfermedad vírica, y que se mide a través de la realización de un PCRq. En este sentido, existen varias publicaciones realizadas en el año 2010 en donde se describe una reducción de la GMD y/o mayor manifestación clínica, en aquellos animales con mayores niveles de PCV2 en suero. En relación a este punto, se decidió realizar una prueba comparativa en España (Menjón 2011), enfrentando Porcilis PCV a otra vacuna del mercado y animales sin vacunar. Aquí, se pudo comprobar que una vez que se produce la infección de los animales, Porcilis PCV es la vacuna que consigue de forma estadísticamente significativa un control de la viremia mucho más efectivo que el obtenido por otra vacuna del mercado y en los animales sin vacunar. En concreto, se agruparon los animales en función de la duración de viremia, en “animales sin viremia”, “viremia transitoria” y “viremia persistente” (mantenida al menos durante ocho semanas, siendo los animales con peor GMD durante el periodo de cebo). Se pudo observar ausencia total de animales con viremia persistente en el grupo de animales vacunados con Porcilis PCV, cosa que no ocurrió en los otros dos grupos Al terminar la prueba, se pudo observar un menor porcentaje de animales virémicos en las diferentes semanas de la prueba en el grupo vacunado con Porcilis PCV, consiguiendo una reducción tal que llegó a la significación estadística (p<0,005) a las 18, 22 y 26 semanas. Además, el grupo Porcilis PCV obtuvo claras mejoras numéricas en el porcentaje de bajas y Kg repuestos en cebo, frente a los otros dos grupos, así como mejoras estadísticamente significativas en el porcentaje de animales que se les aplicó tratamiento inyectable y en la GMD en cerdos de menor peso a la entrada a cebo, que son habitualmente los que generan mayores pérdidas al vaciado y descuentos.

 

Conclusiones

Como conclusiones finales, recordar:

Elevada importancia de el control de cuadros subclínica de PCV2, por sus elevadas consecuencias económicas y por su frecuente aparición en nuestras explotaciones.

Importancia crítica de la duración de protección de la vacuna elegida, ante la aparición de cuadros cada vez más tardíos.

Conocer la relación directa entre nivel de viremia y GMD, y por tanto la reducción de la viremia debe de ser una cualidad importante a tener en cuenta en el producto seleccionado para el control de el PCV2.

 

 

 

 

 

 

 

Comente esta nota

 

Ver los comentarios

 

 

 

 

 


Silos y Chimangos

 

 

 

Estructuras metalicas, Tinglados y Galpones

 

 

 

Infec

Sanidad Animal

 

 

 

 

 

 

 

<<<Volver a artículos | <<< Volver al inicio

¡CSS Válido! Valid HTML 4.01 Transitional

Copyright © 2005 Universo Porcino.

DeSitiosWeb - Diseño de sitios web