Sanidad Porcina 04/12

Las infecciones clamidiales en el cerdo

Los trastornos reproductivos en las explotaciones porcinas tales como el retorno al estro, el síndrome de descargas vaginales, el aborto o el nacimiento de lechones débiles con una alta mortalidad pueden ser producidos por la clamidiasis, una enfermedad emergente en Europa.

 

Los microorganismos pertenecientes a la familia Chlamydiaceae son bacterias Gram (-) de multiplicación intracelular obligada, que presentan un ciclo replicativo exclusivo dentro del mundo procariota. Son responsables de un amplio espectro de enfermedades en los animales y en los humanos.

 

La infección en el Cerdo

En patología porcina, las clamidias no han sido, ni son actualmente, consideradas como importantes patógenos, debido a que los test de diagnostico específicos para ellas no se realizan en la mayoría de los laboratorios especializados en diagnostico del ganado porcino. Por otro lado, son muy frecuentes, ya que Chlamydiasuis se aisla en numerosas ocasiones a partir de muestras de intestino o de heces de cerdos sanos. Además, la presencia de clamidias, especialmente cuando aparecen trastornos reproductivos, se encuentra en numerosas ocasiones asociada con otros patógenos como Streptococcus suis, Brucella suis, Escherichia coli, salmonella spp., circovirus, virus del PRRS, virus de Aujeszky y parvovirus.

 

De las nueve especies clamidiales descritas, Chlamydia suis, C. abortus, C. pecorum y C. psittaci son capaces e inducir infecciones en cerdas reproductoras, verracos y lechones. Sin embargo, la prevalencia, el riesgo zoonósico y el impacto económico de las diferentes especies es difícil de determinar, dado que no existen test de diagnostico rutinario especifico para cada especie clamidial.

 

El habitad natural de las clamidias, así como la posible puesta de entrada, es el tracto intestinal, que actúa como un lugar de infección latente y puede, en ocasiones, actuar sinérgicamente con otros enteropatógenos. Las infecciones latentes o persistentes pueden reactivarse bajo ciertas circunstancias, como puede ser la gestación, donde se favorece la respuesta inmunitaria humoral en detrimento de la celular, necesaria para controlar la infección por agentes intracelulares.

 

Las infecciones clamidiales en cerdos pueden inducir numerosas patologías.

 

Especies de Chlamydia que afectan al cerdo con sus correspondientes procesos patológicos en los que se han visto implicadas y su frecuencia de aparición:

 

 

Sin embargo, la mayor incidencia se encuentra en los numerosos problemas reproductivos que pueden generar en una explotación, como el síndrome de descargas vaginales, retornos al estro, abortos, momificaciones y partos prematuros con el nacimiento de lechones débiles y el consiguiente incremento de la mortalidad perinatal, así como procesos de orquitis, epididimitis y uretritis en los verracos. En estos procesos puede estar implicada cualquier especie clamidial de forma individual (especialmente C. suis y C. abortus), o varias asociadas entre si. Estos problemas reproductivos se presentan con una mayor incidencia en las primíparas (hasta del 100%) que en las multíparas (10-15 %). Esto se debe fundamentalmente a que los animales que han padecido una infección grave, como el aborto, suelen quedar protegidos durante varios años por la alta respuesta en anticuerpos que se induce.

 

Fig.1 Presencia de abortos diagnosticados por Chlamydia abortus en una explotación de cerdos ibéricos. Imagen cedida por el profesor Anselmo Perea (Departamento de Sanidad Animal Universidad de Córdoba)

 

Diagnostico de las infecciones clamidiales

Dada la inespecificidad de los signos clínicos asociados a estos procesos, se hace imprescindible el recurrir al laboratorio para proporcionar un diagnostico certero de la enfermedad. Sin embargo, los laboratorios veterinarios especializados en patología porcina no realizan de forma rutinaria este tipo de analíticas, algunas de ellas de cierta complejidad como el aislamiento de las clamidias en cultivos celulares o sobre huevos embrionarios.

 

Fig.2 Aislamiento de clamidia sobre sacos vitelinos de huevos embrionados

 

Además de los sueros, las muestras de elección para los estudios serológicos serán los fetos y, preferiblemente, las placentas.

 

Las cepas abortigénicas de clamidia tienen una especial predilección para multiplicarse en los epitelios coriónicos, como ha sido demostrada en el aborto enzoótico ovino y observado en infecciones experimentales de cerdas gestantes.

 

Las tinciones especificas como la e Stamp o la de May Grunwald-Giemsa sobre improntas de placenta suelen ser indicativas de infección clamidial.

Las técnicas serológicas son mas sencillas de realizar y, aunque no existen comercializados test ELISA específicos para el ganado porcino, se pueden adaptar otros que se emplean de forma rutinaria en medicina veterinaria para el diagnostico del aborto enzoótico de los pequeños rumiantes, o incluso en medicina humana para el diagnostico de la infección por Chlamydia trachomatis.

 

La mayoría de estos ensayos no identifican la especie, ya que emplean un antígeno de familia, el lipopolisacarido clamidial. Sin embargo, dada la alta seroprevalencia que existe en las explotaciones porcinas, los análisis serológicos tienen un valor limitado, salvo cuando se realizan estudios con sueros pareados, tomados a diferentes tiempos, para verificar la seroprevalencia significativamente mayor en las que tienen problemas reproductivos que en las granjas que no los presentan.

 

En general, las técnicas inmunocitoquimicas sobre cortes histológicos son empleadas por numerosos laboratorios de diagnostico veterinario. Para el diagnostico de las clamidiosis animales están comercializados varios tipos de anticuerpos monoclonales o policlonales especialmente indicados para este tipo de metodologías.

 

Estas técnicas tienen la gran ventaja de poder asociar la lesión con el agente patógeno presente en la misma.

1.- Inmunofluorescencia con inclusiones de clamidias 2.- Electronografia que muestra una inclusión de clamidia

 

 

3.- Tinción inmunocitoquímica de una infección clamidial en placenta

 

 

Sin embargo, el principal inconveniente se encuentra en que en muchas ocasiones las placentas no se localizan o se encuentran muy autolíticas, lo que hace inviable este tipo de análisis. En estos casos son de elección los órganos fetales, especialmente el hígado y los pulmones. De hecho, hay estudios que demuestran un incremento significativo de los procesos inflamatorios en hígados de fetos procedentes inflamatorios en hígados de fetos procedentes de cerdas que han sufrido abortos por una infección clamidial, incluso sin demostrar la presencia del antígeno clamidial en los mismos.

 

En los últimos años, las técnicas de PCR (reacción en cadena de la polimerasa) específicas del género Chlamydia o de sus especies, se han desarrollado en medicina veterinaria, hasta el punto de reemplazar a los tediosos métodos empleados para el asilamiento del microorganismo. Por motivos de bioseguridad, ya que algunas especies (C. psittaci y C. Abortus) tienen un carácter zoonósico, las muestras se pueden inactivar antes de ser analizadas. Estas técnicas muestran un alto grado de sensibilidad y especificidad, y son de elección cuando el laboratorio de diagnostico dispone de la tecnología apropiada. Recientemente se comercializo un microarray que puede diferenciar todas las especies clamidiales, pero su alto coste económico no lo hace competitivo para su empleo en el diagnostico rutinario de las clamidosis porcinas.

 

Control y tratamiento

En una explotación afectada por un brote de infección clamidial es muy importante la limpieza y desinfección de los equipos  e instalaciones, ya que las clamidias pueden sobrevivir más de 30 días en las heces y materiales contaminados. El empleo de detergentes y desinfectantes comunes (componentes de amonio cuaternario o clorofenoles altamente diluidos) inactivan rápidamente a estos microorganismos dada su alta susceptibilidad a los mismos, evitando el contagio de otros animales de la explotación.

 

Las infecciones establecidas pueden ser tratadas con antibióticos. Generalmente, las tetraciclinas (clortetraciclina, oxitetraciclina y doxiciclina) son los antibióticos de elección ya que son los más eficaces. Las quinolonas (enrofloxacina) o los macrólidos (eritromicina) pueden  ser administrados en casos de infecciones por cepas de C. suis resistentes a las tetraciclinas.

 

Actualmente no existen vacunas comerciales específicas para la especie porcina. Las vacunas producidas para otras especies animales (aborto enzootico ovino por C. abortus) no han demostrado la suficiente eficacia en cerdos, ya que las cepas son genética y serológicamente diferentes. Únicamente se conoce un estudio donde se emplea una vacuna con una cepa de C. abortus aislada de una explotación porcina con problemas reproductivos e inactivada con formalina. Esta vacuna indujo una marcada respuesta en anticuerpos IgG, tanto en la primovacunación como en la revacunación, si bien estos autores no muestran resultados de protección. Se hacen necesarios más estudios sobre los mecanismos inmunes protectores desarrollados en el cerdo para poder elaborar, y eventualmente comercializar, una vacuna que sea segura y eficaz.

 

Conclusión

Hasta la fecha, las clamidiosis porcinas no han sido consideradas como un problema sanitario importante en las explotaciones porcinas, tnto de carácter intensivo como extensivo. De hecho, la mayoría de los laboratorios de diagnostico veterinario especializados en patología porcina no las consideran en sus analíticas rutinarias. Sin embargo, deberían considerarse las clamidias, entre otros microorganismos, como posibles causantes del proceso cada vez que aparezcan problemas reproductivos en una explotación porcina: incremento en los retornos  al estro, disminución del número de lechones nacidos vivos por camada y que en ocasiones presentan signos de conjuntivitis y/o neumonías, aumento de la mortalidad en las primeras horas de vida y, finalmente, abortos.

 

Para saber más…

El primer aislamiento de clamidias en el ganado porcino fue en 1955 en cerdos de una granja de Norteamérica afectados de artritis y pericarditis. En Europa, entre los años 1960 y 1970 se describieron numerosos brotes de clamidiosis asociados con bronconeumonías o abortos en explotaciones porcinas intensivas localizadas en los países del Este, especialmente en Rusia. Posteriormente, en la década de los 70 se describe la enfermedad en países occidentales como Austria y Alemania, donde aparece asociada a procesos de poliartritis, neumonía, conjuntivitis, enteritis y abortos. Por otro lado, se aíslan numerosas cepas a partir de heces o de intestinos de cerdos aparentemente sanos.

 

En España, fu en 1995 cuando se identifico por primera vez al microorganismo en muestras de placenta y fetos procedentes de una explotación porcina ubicados en el municipio de Lorca. Un estudio serológico realizado en la Región de Murcia mostro que el 47% de las explotaciones y el 49% de los animales analizados presentaban  anticuerpos clamidiales. Hasta la fecha, todos los casos descritos se habían detectado en cerdos procedentes de explotaciones de carácter intensivo, tanto europeas como norteamericanas. Aunque algunos estudios serológicos previos habían mostrado una seroprevalencia alta en cerdos ibéricos criados en régimen semiextensivo en la provincia de Toledo, no ha sido hasta el año 2011 cuando se ha identificado por primera vez a  Chlamydia abortus en muestras de placentas y fetos procedentes de una explotación extensiva de cerdo ibérico de Extremadura que presentaba un alto índice de retorno al estro y abortos.

 

 

 

Fuente: Jesús Salinas, Francisco Cuello, María del C. gallego, Nieves Ortega y María R. Castro. Albéitar. Universoporcino.com

 

 

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