Actualidad Porcina 02/14

 

Una Argentina Competitiva, Productiva y Federal

La cadena de la carne porcina y sus productos derivados

(Parte 1)

 

 

Resumen Ejecutivo

• Este trabajo forma parte de la serie de documentos que el IERAL de Fundación

Mediterránea viene publicando desde el año 2009 en el marco del Proyecto “Una

Argentina Competitiva, Productiva y Federal”. Uno de los componentes centrales de este Proyecto propone identificar, evaluar y proyectar oportunidades de generación de valor económico y empleo en una serie de cadenas productivas del país, bajo una estrategia que prioriza la mayor inserción internacional de la producción, pero sin descuidar el fortalecimiento del mercado interno.

 

• En esta publicación se presentan números actualizados de desempeño de la cadena de la carne porcina y se discuten políticas sectoriales que se consideran necesarias para el desarrollo futuro de la producción y las exportaciones de este importante complejo productivo que actualmente se despliega en muchas provincias del país.

 

• En los últimos años la cadena porcina muestra una significativa mejora en todos sus macro indicadores. De acuerdo a SENASA, el plantel de cerdas ascendía a 898 mil cabezas en marzo de 2013, un 16,2% por encima del registrado en marzo de 2012. Por su parte, la faena 2012 se ubicó en 3,8 millones de cabezas, con una producción de 331 mil toneladas res con hueso; se trata de una suba del 11% respecto al 2011. En 2013 continuó creciendo la faena y todo indica que se superarían las 4 millones de cabezas (más de 350 mil toneladas).

 

• La reducción del rodeo bovino entre los años 2007 y 2009 y la caída de la oferta de carne vacuna consecuente desde 2010 hasta la fecha, abrió una oportunidad única para una mayor incorporación de carne porcina en la dieta de los argentinos, derivando en estímulos al crecimiento de la cadena porcina vía mejora de precios a los productores. El incremento de los planteles y las inversiones en nuevos establecimientos que se observa en los últimos años es la respuesta a este escenario interno más favorable.

 

• El consumo mundial de carne porcina por habitante es de 15 kilos/año (USDA 2012), pero en ciertas regiones está por encima de los 30 kilos/año, como es el caso de la Unión Europea (39,7 kilos) y China (38,3). Argentina y Brasil exhiben consumos per cápita inferiores al promedio mundial (9 y 13 kilos, respectivamente en 2012).

 

• Las proyecciones de consumo mundial de carnes realizadas conjuntamente por OCDE/FAO posicionan a la carne porcina con un crecimiento similar al de la carne bovina en los próximos años (1,4% promedio anual), con una mayor dinámica en países en desarrollo (1,7% promedio anual), que en países desarrollados (0,7%), donde los consumos de carne se encuentran muy estabilizados

 

• La transformación de granos a proteínas cárnicas genera un importante valor agregado adicional. Teniendo en cuenta las relaciones físicas de transformación de los granos en carne de cerdo en pie, y luego de ésta en cortes de cerdo, el valor de exportación de una ración habitual para cerdos incrementa su valor un 88% al ser transformada en cortes exportables. En efecto, una tonelada de carne de cerdo tiene un precio FOB de exportación de US$ 2.500, mientras que los granos que se requieren para alimentar y producir el cerdo un valor de exportación de US$ 1.330.

 

• Argentina cuenta con un elevado potencial que le permitiría ser un actor importante en la cadena de carne porcina y derivados a nivel mundial. Si se aprovechan las oportunidades que se presentan tanto interna como externamente, la producción de carne porcina argentina puede crecer a elevadas tasas durante los próximos años.

 

• En Garzón y Vera (2011) se construyó un escenario de crecimiento en la producción interna de carne de cerdo, definiéndose como objetivo llegar a una faena de 7,9 millones de cabezas al año 2020, esto es, 4,1 millones de cabezas adicionales a la faena 2012. Esta producción adicional, que se considera factible desde lo técnico, sería absorbida en parte por el mercado interno (debería aumentar en algunos kilos el consumo por habitante y se sustituirían todas las importaciones) y en parte por el mercado externo (se generaría un saldo exportable que habría que colocar al mundo, un flujo equivalente al 1% del mercado mundial).

 

• Para lograr un éxito productivo como el definido, la cadena debe comprender y dar solución a presiones y restricciones que operan sobre la misma, que pueden estar originadas en: (1) características actuales de funcionamiento de la cadena; (2) interacciones con las otras cadenas cárnicas domésticas; (3) la aplicación de políticas públicas insuficientes o inapropiadas.

 

• Uno de los desafíos claves es reducir la dualidad que existe al interior de la cadena, donde se cuenta con un sub-circuito de producción / comercialización que opera con alta productividad y formalidad y con otro sub-circuito, donde dominan en general establecimientos más pequeños, que opera con baja productividad y alta informalidad. Para superar esta situación se requiere un programa integral de reconversión del sub-circuito de baja productividad. Este programa integral debería contar, entre otras cosas, con asistencia técnica y financiera para establecimientos de producción de pequeña y mediana escala, con la armonización del marco legal que recae sobre los frigoríficos (no debe haber diferencias de trato según mercado al que se atiende), y con la generación de un sistema efectivo de control de aspectos sanitarios, impositivos y previsionales para el universo de empresas.

 

• Existe consenso entre los actores de la cadena respecto de que el control sanitario ejercido a nivel local o provincial suele tener más debilidades que el de SENASA. Para modificar esto, debe pensarse en la creación de una autoridad con poder de fiscalización sanitario en todo el territorio nacional, sea en el ámbito de SENASA u otro organismo surgido mediante un nuevo acuerdo entre los tres niveles de gobierno.

 

• Los mercados de animal en pie y de carne funcionan correctamente en la medida que exista competencia y buena información (simétrica) para que los actores que en ellos participan tomen las mejores decisiones. Por este motivo es muy importante seguir fortaleciendo los sistemas públicos y privados que informan precios y condiciones generales de venta de los productos.

 

• En materia de política impositiva, hay varios cambios a realizar. Por un lado debería uniformarse el tratamiento del IVA que recibe la cadena porcina con el de la cadena bovina (10,5%). Por el otro, debería avanzarse en la eliminación de los derechos de exportación sobre carnes. Por otra parte, un poderoso mecanismo de distorsión de precios relativos, que debe ser evitado bajo toda circunstancia, consiste en la intervención del mercado de exportación, mediante cupos, requisitos burocráticos adicionales, etc. Se debe evitar todo tipo de restricción u exigencia sobre las operaciones de comercio exterior de carnes y cualquier cambio abrupto en las reglas de juego de mercado.

 

• Hay una cultura interna que asocia a la carne porcina con una carne de menor calidad que la bovina o de características inferiores en cuanto a gusto y propiedades nutricionales, lo cual está demostrado que no es correcto. Para cambiar esta percepción se requiere una acción coordinada desde la política pública y/o bajo instituciones representativas del sector privado para generar y difundir información que permita un mayor conocimiento de las cualidades de la carne de cerdo.

 

• Por último, siguiendo a Christy R. et al (2009), hay al menos dos facilitadores esenciales de la competitividad de una cadena agroindustrial, que dependen en gran medida del Estado: a) la política comercial; b) la provisión de infraestructura. En una economía de mercado integrada al mundo debe incluirse en la agenda pública con carácter prioritario la negociación de acuerdos comerciales para reducir barreras de ingreso, en particular en mercados de alto valor. Respecto de la infraestructura, se requiere desarrollar mecanismos nacionales y provinciales coordinados que permitan efectuar inversiones en infraestructura estratégica (energética, vial, ferroviaria y portuaria) y mejorar la disponibilidad de estos servicios en localizaciones del interior del país (donde se encuentran y se encontrarán en el futuro buena parte de los actores productivos de la cadena).

 

 

 

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